Cada pedido entra una vez, por WhatsApp, vendedor o web, y de ahí salen la preparación, el stock y la factura. Armado a cómo vendés hoy.
El pedido llega por WhatsApp, por mail o en un papel. Alguien lo carga en un Excel. El depósito no sabe qué preparar hasta que le avisan, y la factura se hace aparte, con los mismos datos otra vez. En el medio se pierde un bulto, se cobra un precio viejo o se promete mercadería que no está. Un sistema de gestión de pedidos junta esa cadena. Se arma a cómo vendés hoy, y se puede empezar por el tramo que más tiempo te come.
Los módulos se eligen. Se arranca por el que más duele, casi siempre la carga o el stock, y el resto entra cuando ese tramo ya se usa. Lo que sigue se puede incluir, y cada módulo se elige por separado.
El pedido puede entrar por WhatsApp, por un vendedor en la calle, en el mostrador o en un portal web, y queda el mismo: cliente, productos y el precio que le corresponde. Si el pedido por WhatsApp termina en un chat que alguien copia a la planilla, el sistema puede dejarlo cargado sin esa segunda pasada. La carga desde el celular, para el vendedor en la calle, se puede definir en el alcance.
Cada cliente puede tener su lista: mayorista, minorista o un canal propio, con un mínimo de compra y con precio distinto si lleva bulto o unidad. Al cargar, el precio sale de esa lista. Si las listas viven en Excel, se puede incluir la importación para no tipearlas de a una.
Cada pedido recorre un estado: nuevo, en preparación, preparado y entregado. Ventas ve lo que entró, el depósito lo que hay que armar y administración lo que falta facturar o cobrar. El seguimiento muestra en qué está cada uno, y los perfiles se definen por área.
Al confirmar, esa mercadería queda reservada y deja de estar disponible para el pedido siguiente. Si hay más de un depósito, el stock se puede llevar separado y el pedido descuenta del que corresponde. Las alertas de reposición avisan antes del faltante. Pedidos y stock quedan en un solo lugar.
Cada cliente tiene su saldo: qué pidió, qué se facturó y qué pagó. El cobro se puede anotar en la calle o cuando entra por Mercado Pago, y queda asignado a ese cliente.
En una fábrica que produce a pedido, confirmar puede abrir una orden de fabricación con la fecha comprometida. Para una fábrica, esta parte arranca desde esa orden de fabricación.
También se pueden evaluar para el alcance la preventa en el celular, las hojas de ruta del reparto, un portal para que el cliente arme su pedido e importar listas de precios desde Excel. Lo que entra se escribe en el alcance.
Lo que ya te sirve se queda, y el sistema se conecta con eso. Cada pieza, y el momento en que el dato tiene que pasar, está en integraciones.
La factura puede salir al confirmar el pedido o al entregarlo. La facturación usa el cliente, los ítems y el precio que ya están cargados. Vos definís el momento y el tipo de comprobante.
El cobro que entra por Mercado Pago se puede asignar al pedido y a la cuenta del cliente. La conciliación deja de ser cruzar un extracto contra una planilla.
Un bot puede tomar el pedido en el chat, con la lista de ese cliente, y dejarlo cargado. Si la conversación necesita a una persona, se la pasa. El bot se arma en bots con IA; el sistema de pedidos recibe el resultado.
La venta online puede estar en Tiendanube, en otra plataforma o en un portal propio. Tiendanube es una opción cuando ya vendés ahí o cuando su checkout te alcanza: armar esa tienda está en desarrollo en Tiendanube. Si el precio, el mínimo o el surtido no entran en una tienda ya armada, un portal propio se puede incluir como web o catálogo, atado al mismo pedido.
Sirve cuando el pedido es el centro del día y hoy se desarma entre el chat, la planilla y el programa donde facturás. Se arma distinto según quién vende y cómo sale la mercadería.
El preventista anota y a la noche alguien carga. El depósito arma tarde y el reparto sale con lo que alcanzó. Un sistema de pedidos para distribuidoras puede dejar el pedido cargado en la visita, con la lista de ese cliente. Si tenés reparto todos los días, como en una distribuidora de alimentos o de bebidas, se arma alrededor de esa recorrida.
En el mostrador se vende a un precio y online a otro, y el stock se entera tarde. Un sistema de gestión para mayoristas une los dos canales, cada uno con su lista. Mostrador y reparto usan el mismo pedido, y la factura puede emitirse al retirar o al despachar.
Hay una fecha comprometida y lo que hay que fabricar para cumplirla. Confirmar el pedido puede abrir la orden. El seguimiento muestra si esa fecha sigue en pie.
Este recorrido es un circuito de ejemplo, para ver las piezas en orden. El tuyo se escribe en el alcance, a partir de cómo trabajás hoy.
El pedido entra por el canal que uses y queda con el cliente, los productos y el precio de su lista. Si falta un dato o no se cumple el mínimo, se ve antes de mandarlo a preparar.
El depósito ve qué armar. Al confirmar, el stock de esos ítems queda reservado. Si no alcanza, el pedido lo muestra antes de prometer la entrega.
Al entregar, o al confirmar si así lo dejás definido, sale la factura ARCA con los datos del pedido.
El cobro se registra contra ese pedido y el saldo del cliente se actualiza. Lo que falta cobrar queda a la vista, sin reconstruirlo a fin de mes.
Un sistema de gestión para distribuidoras ya armado alcanza cuando tu circuito entra en lo que ese programa hace y el equipo puede trabajar así, sin una planilla al lado. Conviene a medida cuando el recorrido es propio: varios programas más un Excel, reglas de precio, depósito o reparto que no se dejan configurar, o cuando hay que integrarlo con lo que ya tenés.
En la primera charla te decimos cuál de las dos nos parece más conveniente. No publicamos un precio: depende de los módulos, de los permisos y de las conexiones. Cómo se arma ese número está en cuánto cuesta un sistema de gestión a medida. Si el pedido es una parte de una operación más grande, el marco está en sistemas de gestión.
Si querés ver un sistema construido y en producción, el caso de EventOps es un producto propio para empresas de eventos: cada evento se carga una vez y de ahí salen el calendario, el presupuesto y los cobros. Muestra cómo armamos a partir de la operación real de cada empresa.
Qué se carga, quién lo carga, por dónde entra el pedido y dónde se traba. Con eso sabemos por dónde empezar.
Qué módulos entran, qué queda afuera, con qué se conecta, cuánto cuesta y cuándo está. Todo claro antes de arrancar.
Si el sistema es grande, lo partimos y empezamos por lo que más duele, como la carga de pedidos o el stock. Cada semana ves una parte funcionando y la probás con tu equipo.
Lo ponemos en marcha con quien carga, quien prepara y quien factura, y lo ajustamos con el uso real.
Precio y plazo
Dependen de cuántas partes tenga el sistema y con qué hay que conectarlo. Si ya tenés hosting o servicios contratados, los usamos. Si no, nos encargamos nosotros y te cobramos su costo más la gestión.
Se puede incluir. Un bot toma el pedido en el chat, con la lista de ese cliente, y lo deja cargado. Si la conversación se sale de lo que el bot sabe, la pasa a una persona. Si hoy alcanza con cargarlo a mano desde el mensaje, se puede dejar así y sumar el bot después. Queda definido en el alcance.
Garantía
Si aparece un error de nuestro lado, lo arreglamos dentro de la garantía.
Mantenimiento
Opcional, para cambios y mejoras después del lanzamiento. Sin él, el proyecto sale más barato.
Tus datos
Son confidenciales y solo los usamos para tu proyecto.
Contanos cómo entra un pedido hoy y dónde se vuelve a cargar. Te respondemos con alcance y precio por escrito.
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